Posición Geográfica Alcolea, Tierra de Aceites y Vinos

Geo & Historia

ALCOLEA

GEOGRAFÍA, HISTORIA
& PATRIMONIO

Situada en la ladera noroeste de la Sierra de Gádor y a 736 m de altitud, sus habitantes, en realidad se dividen entre el núcleo principal, Darrícal y Lucainena, incorporados al término municipal en 1997 como consecuencia de la construcción del pantano de Beninar.

El territorio queda definido por la montaña, con grandes masas boscosas de pino de repoblación y algunas manchas de encinares relictos en lugares escarpados, y espacios de huerta tradicional que agradecen el agua permanente. Montaña y agua siempre como constantes históricas de la Alpujarra.

A pesar de la presencia de yacimientos arqueológicos de la Edad del Bronce y testimonios romanos, los orígenes se remontan especialmente al mundo hispanomusulmán y el nombre del municipio procede de Alcolaya, una pequeña fortificación o torre defensiva de época emiral que debió dominar la población, que entonces contaba con cinco barrios e incluso mezquita. En el periodo taifa será territorio fronterizo entre los intereses políticos de los gobernantes islámicos de Granada y Almería, y de esta época son las curiosas e impactantes cuevas-silo fortificadas de Cerro de las Cuevas.

En la época nazarí se integra en la taha o unidad administrativa de Andarax, con centro en la actual Laujar, organización que se mantuvo en el mundo cristiano posterior a 1492. Esa huella morisca se reflejó en el minifundio y la pequeña agricultura de subsistencia, con regadíos y secanos aprovechando el almendro y el olivo, este último hoy fuente de un aceite de reconocido prestigio por su calidad. Olivos centenarios en el entorno de la ermita de San Sebastián nos recuerdan esa memoria económica.

La emigración reciente de los años sesenta, con una población joven buscando expectativas económicas a la crisis de la agricultura tradicional, ha dado paso a una cierta recuperación poblacional, el turismo y la cercanía del Poniente como motores de desarrollo.

El caserío de los tres núcleos poblacionales responde al modelo de casa tradicional alpujarreña, de volúmenes puros y muros de mampostería de piedra y barro o tapial, patinados por el blanco inmaculado de la cal y el terrado de launa. La fachada puede presentar arriba una solana o cámara como estancia ventilada como secadero de la tradicional matanza o almacén de la producción agrícola.

Esta tradición abarca también el ámbito de la religiosidad popular, muy afianzada en la Alpujarra como reacción cristiana al impacto emocional de los mártires con la revuelta morisca de 1568. Sus manifestaciones pueden ser las ermitas de San Sebastián y San Expedito, además de Santa Rosa Viterbo, interesante construcción barroca del siglo XVIII con una armadura y esgrafiados de tradición mudéjar, pero en pésimo estado de conservación.

Como en el resto de los enclaves alpujarreños la huella minera salpica la sierra, destacando las minas y fundiciones de Los Pajarillos, especializada en la extracción de plomo y cinz.

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