Posición Geográfica Canjayar, Fundición Real

Geo & Historia

CANJAYAR

GEOGRAFÍA, HISTORIA
& PATRIMONIO
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A medio camino de la Alpujarra, a 618 metros de altura, entre el mar y la alta montaña, Canjáyar simboliza la tradición y la devoción, las señas de identidad de un pasado milenario y la emoción por la Santa Cruz del Voto.

Estamos en el valle medio de Andarax, al pie de Sierra Nevada y frente a Sierra de Gádor, en un balcón privilegiado que antes se asomaba a un vergel de parras, pero que hoy mantiene su encanto por la riqueza paisajística, botánica y antropológica del Parque Natural de Sierra Nevada, además de la amabilidad de sus vecinos.

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Efectivamente tras la serpenteante carretera que asciende por el valle del Andarax, de pronto surge un pueblo blanco, como un barco alargado, colgado en la ladera y protegido de los vientos y tormentas, lo que ofrece siempre un microclima especial, aprovechado en un esfuerzo secular por cultivar los bancales que ascienden por las montañas.

Mas de cerca, el casco urbano ofrece una disposición alargada por homogénea, delimitado por sinuosas curvas de nivel y calles con fuertes pendientes, pero incorporando en su trama huertos, plazoletas y miradores que aportan el espacio abierto, los frutales y los aromas a la densidad edificada.

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Pero debemos recuperar el pasado y en este caso los testimonios de poblamiento se remontan a la Edad del Cobre o el mundo romano. El pueblo es citado por escritores árabes, como al-Udri, en el siglo XI y se nos habla de una fortificación defensiva que seguramente estaría en el solar de la ermita de San Blas. De aquella época nos ha llegado la importancia y el mimo del agua mediante un complejo sistema de acequias, fuentes, norias... que nos ha llegado prácticamente hasta hoy.

Durante el siglo XIV se integra en la taha de Luchar (división administrativa creada bajo el gobierno nazarí), y Canjáyar se convertirá en su capital durante el periodo cristiano.

El siglo XVIII será especialmente brillante con la recuperación económica y demográfica tras la crisis de la expulsión morisca de 1570. A finales de siglo se crea en la barriada de Alcora una fábrica y fundición de plomo, además de un camino carretero comunicando esta fundición y la de Presidio (Fuente Victoria) con el puerto de Almería para dar salida al preciado mineral.

Pero el protagonismo del siglo XIX será la uva de Ohanes, cuyo cultivo para la exportación se desarrolla desde 1860 y crea unas expectativas desconocidas hasta ese momento. Testimonios de esa "fiebre uvera" serán no solo la transformación del paisaje cultivado, con la mancha verde ocupando los más mínimos rincones, sino también el paisaje urbano, con grandes y lujosas casas burguesas de la oligarquía local, centros culturales (casino, prensa...), o la realización de proyectos de mejora del regadío, como la Acequia Gorda.

Es el momento también de mejorar las comunicaciones y se inicia la carretera de Gádor a Laujar en 1872, aunque se termina en 1930, permitiendo abandonar la vieja calzada del Camino de las Fundiciones Reales. Un momento importante será la inauguración del puente de los Calvos en 1925, en el límite con Rágol.

Pero el panorama comenzó a cambiar desde los sesenta del siglo pasado con el hundimiento de los precios en el mercado internacional, la competencia de otros países y variedades, así como el desarrollo de los transportes frigoríficos. Desde finales de los ochenta se comenzaron a arrancar los parrales con ayudas europeas, aunque el problema fundamental ha sido la falta de alternativas rentables, falta de futuro que ha determinado un fuerte descenso poblacional en las últimas décadas. Es el momento de recuperar la ilusión.

Las referencias culturales son la Santa Cruz del Voto y las fiestas patronales en su honor en los días 19 y 20 de abril, cita anual a la que acuden los canjilones con independencia de su residencia habitual.

Esta Santa Cruz es un magnífico relicario que, cuenta la tradición, fue encontrada en 1611 en una pared de la iglesia por el sacristán de la parroquia, Juan Matias de Peralta, quien había tenido el presagio de la Cruz en un sueño. La cruz, aparentemente, había sido ocultada para librarla de la profanación durante la revuelta morisca de 1568. Era una manifestación perfecta de religiosidad popular y del ambiente de fervor del siglo XVII, convirtiéndose en la seña de identidad de Canjáyar.

Precisamente el año 2011 se conmemoró su IV Centenario y Canjáyar lo celebró con la concesión de un Año Jubilar, oportunidad para peregrinaciones y múltiples actividades culturales.

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