Posición Geográfica Santa Cruz, Rincón de Paz y Descanso

Geo & Historia

SANTA CRUZ DE MARCHENA

GEOGRAFÍA, HISTORIA
& PATRIMONIO

A orillas del río Nacimiento, a 328 metros de altura, nos sorprende un blanco caserío con su iglesia parroquial y un par de centenarios plátanos de indias, que siempre acuden a su cita primaveral dando un toque de exuberante verdor y sosegada sombra a la trama urbana. Esa tranquilidad podemos ampliarla con el paseo peatonal por la riqueza geológica y botánica de esta parte de La Alpujarra, en el parque instalado en un corto trayecto de la antigua carretera a levante.

Estamos rodeados de huerta y parcelas de cítricos, que sustituyeron a la añorada uva de Almería, cuya frescura contrasta con la aridez del terreno más allá del límite de la vega y la preciada agua, donde solo encontramos suelos resecos surcados de profundos barrancos en un relieve muy accidentado. Dureza y frescura, desierto y vega, como constantes históricas de un territorio que mima el agua desde el mundo hispanomusulmán.

Probablemente su origen se remonta a una antigua alquería o barriada islámica fundada en el siglo VIII por soldados yemeníes, que algunos identifican con Haratalgima o "barrio de la mezquita". Durante la época nazarí se integra en la taha de Alboloduy (división administrativa), y posteriormente en la de Marchena, ya en el siglo XVI, al refundirse en una sola las dos tahas anteriores.

Tras la reconquista cristiana de 1489, en 1502 se concede en señorío a D. Sancho de Castilla y Enriquez, señor de Gor, en recompensa por los servicios prestados a la corona en la guerra de Granada, y sus descendientes sustituyen el viejo nombre islámico de la alquería por el de Santa Cruz, con el apelativo de Marchena por el nombre de la taha y antiguo despoblado medieval, situado entre Terque y Huécija.

Tras la expulsión morisca de 1568, la repoblación se hace con 27 cristianos y ya en el siglo XVII mejora la coyuntura y la población con el máximo aprovechamiento agrícola de las aguas de riego y la expansión de la morera y el olivo.

A mediados del siglo XVIII pertenecía al Conde de Torrepalma, junto con Alboloduy, y la población alcanza los 250 habitantes con cerca de 100 casas. Es el momento de su vecino más ilustre, Francisco Alejandro Bocanegra Jivaga (1709-1782), obispo de Guadix y posteriormente arzobispo de Santiago de Compostela, pero, sobre todo, muy dedicado a obras de beneficencia y a oponerse dialécticamente al anticlericalismo de la Ilustración francesa. Todo un personaje en la época que aún pudo acordarse de su pueblo financiando obras en la iglesia.

Dentro del proceso de creación del estado liberal y de desarrollo municipal, en 1850 nace como municipio independiente de Alboloduy. La uva de Almería y la sustitución del paisaje agrícola por parrales, mejoran las expectativas y la población llega a superar los 800 habitantes en 1910.

Tras la crisis de la uva la dedicación de la fértil vega a los cítricos no ha supuesto una alternativa rentable, y la emigración y el aislamiento han reducido su población a apenas 200 habitantes. Una población apacible, que conserva las esencias del pasado.

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